viernes, 30 de noviembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
mediador culturalAun cuando la figura del mediador cultural difícilmente puede ser definida en

Aun cuando la figura del mediador cultural difícilmente puede ser definida en
forma rígida o absoluta, para los efectos de este texto se entiende como alguien que atraviesa las fronteras físicas e intelectuales de dos o más culturas, identificando nuevas realidades, analizándolas e incorporándolas en su cotidianidad. Usualmente estos individuos muestran una gran capacidad para aclimatarse en espacios, lenguas y culturas distintas, al tiempo que conservan elementos de sus culturas de origen.
Esta actitud les permite asumir el papel de difusores de prácticas culturales que, con frecuencia, se expanden no sólo en el medio en el que se radican, sino también en sus lugares de origen. Entre las diversas facetas relacionadas con el papel de los mediadores culturales está la de la movilidad, situación que les permite articular conocimientos de dos o más lugares, como resultado del proceso de desplazamiento al que se sometieron.
En términos temporales, este contacto puede ser más o menos prolongado e incluye desde “un individuo de paso hasta personajes que se establecieron en territorios nuevos y se sumergieron en otras culturas, iniciando un proceso de adaptación y asimilación, pero sin perder sus raíces
El mediador cultural se configura como un intelectual solidario que mantiene una actitud ética, responsable, hacia la cultura representada. Así, en Rosa Cuchillo no encontramos una utilización o manipulación de los códigos del mundo andino para obtener fines de tipo individualista ya que esto implicaría caer en el egoísmo, actitud que rompe el principio de reciprocidad que guía la ética comunitaria andina base del pensamiento del autor implicado. Esta vocación ética le permite deconstruir la tradicional oposición entre la representación mimética (hablar del runa) y la representación política (hablar por el runa) planteando una tercera opción: hablar con el runa, dialogar con el otro andino en un acto comunicativo signado por el tinkuy que trascienda las jerarquías propias del sistema moderno-colonial (Quiroz 2005). La búsqueda de este diálogo remite al horizonte de la utopía en el texto. Este es el modelo de mundo alternativo que puede sustituir al injusto sistema imperante.
Los rasgos textuales que hemos examinado obligan al lector a expandir sus modos de comprensión del mundo, a “abrirse a lo otro, a la diferencia de lo evocado por el texto, de prepararse a no imponer una explicación sobre la realidad ficcional que provenga exclusivamente de su propia formación racionalista y occidentalizada” (Pacheco 1992: 92). En este contexto, podemos comprender que la voluntad creativa del autor implicado, que subvierte el lenguaje y el género novelístico en el proceso de integración cultural, interpela nuestro propio lugar de enunciación, las contradicciones y fisuras de nuestra visión occidental de la realidad. En conclusión, nos interpela a abandonar nuestro paradigma monológico: en vez de “darle la palabra al otro” (escenario en el que el sujeto letrado occidental mantiene su autoridad sobre el sujeto diferente), necesitamos aprender a escucharlo, a respetar su diferencia cultural y asumir un rol activo en la construcción de la unión intercultural de nuestro país.
Comunicacion semiologica
Los modos de organización de los hombres y de sus discursos son indisociables: de este postulado se sigue la importancia de la noción de comunidad discursiva, noción que hace referencia a la estructura y funcionamiento de los grupos que administran discursos. Si poco atinado es pensar que los locutores de un discurso operan como sus mediadores transparentes, en comunidad discursiva hay una valiosa herramienta descriptiva para precisar la caracterización de los posicionamientos enunciativos y de su interacción dentro de los campos discursivos
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